Hay una parte del discurso político ideado para que nuestro subconsciente fabrique escenarios, casi nunca reales, que ayudan a completar su contenido. Así, si por ejemplo hablamos de la deriva nacionalista, el concepto lleva implícito el estado de embriaguez. O si el Gobierno catalán habla de poner en marcha el mecanismo unilateral de desconexión, es inevitable pensar en la estrella de la muerte.

En esas estábamos precisamente antes de que a Convergència le entrara un ataque de pragmatismo en el Congreso de los Diputados, y de la estrella de la muerte pasáramos a hablar de algo parecido a androides de protocolo tipo C-3PO. Igual que ciertos sintagmas fabrican escenarios, otros los ocultan. De tal forma que en la“cortesía parlamentaria” de la que habla Andrea Levy para facilitar el grupo propio de Convergència no hay forma de encontrar los tres millones de euros en subvenciones. Lo explicaba muy bien Ernesto de Hannover, hablándome a altas horas de la noche de las diferencias entre ser un vicioso y ser un pervertido: “Un vicioso es al que le gusta que le acaricien el ano con una pluma, un pervertido es al que le gusta que le acaricien con el pollo entero”.

Viciosos o pervertidos en EL MUNDO

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