Entre los mayores errores de mi vida están los cortes de pelo y las noches de fin de año. De los primeros se puede huir evitando ciertos lugares, pero los segundos parecen perseguirte toda la vida, como las latas que se cuelgan al tubo de escape de los recién casados. Soy la única persona que conozco que ha salido una única Nochevieja en toda su vida. Fue cuando tenía 14 años, y los hechos que sucedieron justifican que el resto de mi adolescencia mis amigos creyeran que esas noches me encerraba en mi cuarto a bailar medio desnudo y a autolesionarme como Martin Sheen en Apocalypse Now.

De aquellos hechos conservo dos fotografías. En una estoy tumbado en un parque helado a orillas del río Barbaña. Tengo la boca abierta y de los vértices de la foto emergen tres botellas de destilados. En la otra estoy apoyado en el respaldo de un banco. Llevo americana y un abrigo tan grande que no se me ven las manos. Dos amigos me abrazan. A Xavi lo encontré en Facebook. En una foto de 2014 sale junto a una chica frente a una olla de espaguetis. Recientemente aparece con la misma chica y dos niños pequeños. Marcos, el otro chico que me abraza, está muerto.

Una foto de Nochevieja en EL MUNDO

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