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VIVIR EN UNA de las ciudades más sucias del Mediterráneo, donde cada vez que llueve parece que sus habitantes acaban de hacer sus necesidades en plena calle, produce situaciones tan humillantes como que uno empiece a tener una relación íntima a través de internet con una máquina barredora.

Todo empezó el miércoles, cuando José Antonio Rodríguez, hasta aquí nada, el alcalde de Jun, el tipo que se hizo famoso por gobernar un pueblo de Granada de 4.000 habitantes desde el Twitter, trasladando su modelo a Estados Unidos, me enseñó la cosa en su móvil. Casi mil personas seguían en internet el GPS de una barredora por las calles del pueblo y comentaban sus fotos: calle sucia y al rato calle limpia, otra calle sucia, la misma calle limpia, calle sucia, calle limpia, y así todo el rato. A veces una vecina le pedía por Twitter que se pasara por su portal, y la maquinita que allí se plantaba. Acojonante. La fama on line había convertido a sus barrenderos en los más motivados y presumidos del mundo. Hacía tanto tiempo que había perdido la fe en que cualquier cosa pública funcionara algún día en algún sitio, que llevo tres días que no hago otra cosa. Hasta mi mujer me ha pedido que entre calle y calle por favor mire algo de porno.

‘Todo muy Jun’ en EL MUNDO

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