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A ESTAS alturas de la operación salida, Artur Mas ha regresado a La Zarzuela. «En son de paz», como los marcianitos de Tim Burton, que emitían ese mensaje por la megafonía de sus naves mientras iban masacrando a todo bicho viviente. Ya solo faltaba que le acompañara Guardiola, informando a la prensa de que venían de un «país pequeñito, que está ahí arriba», y que el Rey hiciera como los periodistas de Pamplona, y se pusiera a mirar el techo del salón de audiencias.

Con la sonda espacial New Horizons por Plutón, Cataluña va a tener que volver a tirar de drones para sus demostraciones de fuerza callejera. Ha llegado un punto en el que a gran parte de España resulta extrañísimo ver a un catalán sin la ayuda de un dron, como esa tribu caníbal de las Islas Andamán, que tira lanzas a los aviones y se cepilla todo bicho viviente. Y son ganas de ir provocando, porque cualquier día la prensa españolista contará que se ha visto por satélite la barca de dos pescadores desaparecidos en el golfo de Bengala en medio de la Plaza de Cataluña.

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