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DESPUÉS DE morir el abuelo, la abuela Amparo debió echarse como una decena de novios. Se los echaba en Benidorm, a donde la mandó mi madre con el Imserso en los 80 para pasar el luto. Entonces empezó a desaparecer durante meses. A veces se presentaba con alguno en casa, y yo puteaba a mi padre con que no tenía huevos de llamar a alguno “papa”. El pobre se ponía de los nervios. Luego, esos hombres, simplemente se morían.

La abuela Amparo era muy atractiva incluso superada la barrera de los 75, que debe ser una barrera como la muralla China. Cuando le preguntaban su secreto hablaba de un vaso de agua templada en ayunas, tal cual venía del grifo. La fría se la echaba en las tetas al salir de la ducha. Decían que era una adelantada a su tiempo, pero yo creo que lo que intentó fue frenarlo con todas sus fuerzas.

Lapidando a la abuela en EL MUNDO

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