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HACE DOS años, en una pequeña ciudad al sudoeste de Rusia, un hombre de 28 años que hacía cola para comprar cerveza resultó herido de gravedad tras una discusión sobre Kant que acabó a tiros. Tratando el mismo asunto en la Carlos III,Albert Rivera y Pablo Iglesias pusieron a prueba la superioridad moral de nuestros estudiantes respecto a los rusos, después de que el de Podemos recomendara leer ‘Ética de la razón pura’, que no existe; y el de Ciudadanos dijera que Kant era su «referente», aunque no había leído «ningún título en concreto». La prueba está en que los estudiantes no acabaron con ellos a tiros.

La segunda transición está acercando tanto los políticos a los ciudadanos que hemos empezado a verlos, con consecuencias nefastas para nuestra democracia. Es cierto que salir a la calle en estos tiempos implica alejarse de Kant y acercarse a Bertín Osborne. Ya intentó lo contrario Sofía Mazagatos con consecuencias nefastas para Vargas Llosa. La ignorancia es un valor muy apreciado en el prime time, epicentro de la campaña electoral, y en la universidad los políticos ya no se encuentran en su elemento. Es cierto que cualquiera que no haya leído a Kant puede ser político, pero fracasan en su intento de regenerarla los que siguen cayendo en el postureo.

Kant en EL MUNDO

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