Existen pocas experiencias más traumáticas para un hombre que el momento en el que te ves obligado a ir a conocer al bebé de una amiga. A estas alturas todas las chicas deben saber que cuando su novio les dice que adoran los críos, que cientos de veces le dejan al cuidado de algún sobrino con el que disfrutan jugando en la alfombra con comida imaginaria; que han pensado en tener tres, y que tienen en la cabeza sus breves nombres autonómicos con los que sellar una estirpe, están mintiendo como bellacos.

No hay mayor felicidad que salir de esa casa, con ilusiones renovadas en tu libertad de movimientos, en tu ambiente de lectura, sin cacas de colores, ni piezas de Bugaboos, y con la promesa de horas de sueño intactas. Si has fingido bien tu chica te querrá más, y con suerte querrá practicar un poco antes de convertir el sexo en un trámite incómodo para conseguir un churumbel.

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