Mi madre ha viajado hasta Ibiza para conocer a su nieto y traerme noticias de la aldea, que es ese cordón umbilical con el que los gallegos permanecemos conectados a los muertos. Los mismos a los que mi madre va encontrando parecidos en el crío, como si cada nacimiento fuera una forma de resurrección.
Hace medio siglo que no es fácil traer noticias de la aldea, apenas un conjunto de piedras devoradas por el barro y los hierbajos, donde me cuentan que en un tiempo hubo casas, y partos, y ahogamientos en el río, y bailes con banda de música.

El demonio en EL MUNDO

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