Ya no hay posibilidades de hacer el imbécil sin estar persiguiendo un pokémon. Lo han confirmado los informativos, con tipos que se graban escalando la fachada de un hotel, sin que haya margen para que, simplemente, estuvieran escalando la fachada de un hotel. Y esto es sólo el principio, ya que a partir de ahora sospecharemos de los monstruitos virtuales tras cada balconing, alunizaje o tipo que se cuela en una casa en mitad de la noche.

Nuestra naturaleza tiende al monopolio, pero especialmente a la pereza. Un error de sistema como el de la madre de un amigo, que tras sufrir un ictus que le abrasó el cerebro, sólo es capaz de decir la palabra ‘pato’. Ahora sólo sabemos decir ‘pokémon’, como también sólo sabemos decir Estado Islámico. A veces, incluso no hace falta decirlo, como me pasó el viernes durante una cena en un restaurante abarrotado, mientras perseguíamos con nuestros móviles a tres terroristas por Múnich y mi cerebro dibujó a un hombre disparando al otro lado de los cristales.

Terrorismo virtual en EL MUNDO

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