HUBO UN momento del debate de investidura en el que el locutor de televisión informó de que una diputada de Unidos Podemos estaba siguiendo la sesión por lenguaje de signos. La cámara enfocó a una mujer, sentada frente a ella, que iba representando con las manos lo que se estaban diciendo en la tribuna. Entonces me di cuenta de que el debate se volvía más comprensible a través del lenguaje de signos, siempre que uno desconozca este lenguaje.

Albert Rivera fue el encargado de anunciar que Mariano Rajoy había perdido la votación. Fue mucho antes de que se votara, no fuera a ser que algún grupo parlamentario se propusiera darle un disgusto. También pidió perdón a los españoles, aunque encajado en su discurso, en el que reclamó al PP que la próxima le trajeran a otro que no fuera Rajoy, hizo creer que se estaba disculpando de su acuerdo con los populares, que también. El portavoz del PP, Rafael Hernando, a quien unas horas antes el socialista Odón Elorza calificó en La Sexta de «tipo peligroso», fue tan vehemente en la defensa de su líder que Rajoy casi vuelve a los 137 síes, y eso que el Gobierno todavía no había anunciado el nombramiento del ex ministro Soria para el Banco Mundial. Cuando Rivera se puso a charlar con Toni Cantó y Felisuco tres minutos antes de la votación todos nos temimos lo peor.

Lengua de signos en EL MUNDO

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