Hay padres que directamente van provocando. Que no saben que los pies de árbol en Navidad los carga el diablo, y que ese tipo gordinflón, de inocente barba blanca que desciende por la chimenea puede convertirse en un enviado del averno.
Una breve encuesta a padres experimentados, esa especie en extinción con tres o cuatro hijos, que sólo echan a lavar las camisas a partir del tercer vomitado, previene contra juguetes que jamás deberían cruzar la puerta de casa. Establecemos su peligrosidad en torno a una serie de mandamientos apócrifos.

Cinco reglas básicas para que los padres no quieran matar a Papá Noel, en GQ

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