Cuando el conseller de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, matizaba en TV3 que en el atentado de Barcelona habían muerto “dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española” enseguida me vinieron a la cabeza otros titulares que ya forman parte de la historia del periodismo, como el de “Dos personas y un gitano resultan heridas en la calle Alfredo Abella”, o mi favorito: “Mueren un hombre y un señor en un tiroteo en Valencia”.

La entidad contraria al independentismo, Societat Civil Catalana, y la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, se llevaron las manos a la cabeza con las palabras de Forn, confirmando principalmente lo poquísimo que ven TV3, y ya no digamos Telemadrid, o la Televisión de Galicia, o la IB3 balear, donde el ejercicio diario consiste en la identificación autonómica de seres humanos, que inmediatamente se separan de las del resto del Estado español al mismo nivel que las extranjeras. No es política de empresa, es su razón de ser, extrapolable a la prensa local de cualquier región del mundo. Lo impropio habría sido que Forn lo hubiera soltado en TVE, o que directamente hubiera dicho “dos personas de nacionalidad catalana”.

Morir catalán, en EL MUNDO

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