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A LA ESPERA de que me apliquen alguna
doctrina que asiente mis pecados,
encomiendo mi espíritu a poco más que a
la liquidación de una deuda hipotecaria, las
lecturas de Neuman, Ameixeiras y David
Torres, la gimnasia de Arbeloa tapando a
Neymar, y la magnesia de Bar Refaeli
rasgándose las minivestiduras porque se
siente sola cual Ofelia en la escena del
convento.
La luz al final del túnel se asemeja a un
agujerito en el techo de esta tubería
subterránea por la que transitamos de la
mano de este PP de las siete plagas, pero
han llegado las jaculatorias acostumbradas y
un crujir de escaños a la hora nona, que
escampó las tinieblas de los mercados pero
dejó entrar a un falso cura que buscaba un
pendrive a hostias, porque como en el Día de
la Bestia, era el único que sabía que los
anticristos nacen entre las torres torcidas de
una inmobiliaria y un banco.
La historia de los vencidos dirá que
cuando estábamos enterrados descubrimos
hermosas nuestras cebollas, les hicimos el amor, y nos dimos al nacionalismo hasta
que supimos que eran los mismos los que
nos las quitaban de las manos.
La tierra prometida se antoja pretérita en
el discurso congresual, de cardado
ochentero y todos a la plaza del pueblo a
hacer flashback como en Amanece que no es
poco, o sino que se lo digan a Rubalcaba,
que ya ofrece a los catalanes votar una
reforma constitucional y olvidarse de la
consulta, que es como cuando en el Un, dos,
tres, Mayra Gómez Kemp empezaba a
ofrecer pasta a cambio de no seguir leyendo
la tarjetita.
Desahuciada Torrevieja con hipotecados
de cartón y cajero, en las colas del hambre, o
con unas nóminas en las que las tres de
antes son dos en las agujas finlandesas de
Olli Rehn, volvemos a casa como aquellos
estudiantes de Ibiza que se fueron a clase
porque no encontraban la manifa, y me
temo que en breve hasta ellos cambiarán la
cara tuneada de Wert por el torso de CR7 en
las carpetas de sus sueños.
Sus lenguas volverán a servir para comer
bocas, y no para apretarla entre los dientes
mientras meten mano con un tiralineas a
unos mapas estrechos que solo se dejan por
encima del jersey.
Y mientras, nosotros, despertaremos
recolocando la ambición en la cadena
alimentaria, pero me temo que volveremos a
devorarnos los unos a los otros porque no
sabemos regresar tan atrás como para volver
a ser niños y felices, así como cuando
queríamos que Mayra acabara leyendo la
tarjetita, y que nos tocara la Botilde.

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