EL PASADO 20-N el Partido Comunista de
Ibiza regresó a la clandestinidad. Como los
romanos de La vida de Brian, que entraron
en el piso secreto del Frente Judaico para
encontrar una cuchara, nueve agentes de la
Policía Local irrumpieron en la sede de
Esquerra Unida y encontraron a Miquel
Ramon y una cuchara.
El líder de izquierdas se negaba a
abandonar un edificio que según el
arquitecto municipal se viene abajo, y tiró de
título de delineante para afirmar que era cosa
de unos voladizos del techo, y que solo se le
caían en la cabeza de vez en cuando. Por un
momento pareció que Ramon había
regresado a sus tiempos de actor teatral para
ponerse los guantes de Joseph Smith, el
boxeador sonado al que interpreto en
Biederman y los incendiarios de Max Frich. A
la salida vio micros y se puso a homenajear a
las grietas, y al particular que en el 75 alquiló
este piso intubado a los comunistas con
Franco camino de los Caídos.
En el número 9 de la Avenida de España
se hizo independentista, se juntó con otra
actriz, Pilar Costa, y ambos montaron un
circo de siglas para que crecieran los
enanos. La primera vez que lo vi estaba en la
tribuna del Parlament y también iba
disfrazado. Llevaba un pañuelo palestino,
habitual en los que caminan por desiertos
para protegerse la boca y los ojos de la
ventisca. Enterados en Jalalabad, en las islas
le eligieron para liderar el desierto de Esquerra hacia la tierra prometida, y cuando
le dejaron gobernar se puso Sánchez-
Gordillo contra Matutes, ocupando fincas
armado con un Plan Territorial, a lo soy
cantor, soy embustero, me gusta el juego y el
vino, tengo alma de Cañamero.
Tarrés le hizo conseller de grietas sin
necesidad de llevarlo en listas, y luego le
despidió con un beso para evitar que se le
desplomaran las mayúsculas a su gobierno
de coalición. Confiar en Tarrés fue el peor
error de mi vida, dijo antes de fracasar en su
entrada al Parlament en mayo de 2011, y al
Congreso de los Diputados en noviembre, y
entonces empezó a perfilársele en la barba
aquel Aureliano Buendía que promovió 32
levantamientos armados y los perdió todos.
Ahora que Izquierda Unida sube en las
encuestas, en Ibiza ya no se sabe dónde
están. Supimos de ellos cuando Ramón los
disolvió en Eivissa pel Canvi, donde estaban
todos, y cuando cayeron cascotes y entró la
policía, otra vez solo quedaban Ramon y
una cuchara. El otro día coincidimos en el
cine viendo Séptimo, una peli en la que
desaparecen niños en la escalera de un piso
decente. Hoy pienso en Ramon allí
sentando, en la oscuridad, y en si tomaría
nota de los acabados.

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