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EL ojo de buey del telediario se me ha puesto en los camarotes del Akademik Shokalskiy, a unos 2.770 kilómetros al sur de la ciudad australiana de Hobart y cerca de la base francesa del sureste antártico, Dumont d’Urville, aunque sin salir de nuestras fronteras.

Como el hielo me pone barroco, tras el cristal de mi ventana observo la estela de esta odisea polar de comedor social por la que empezamos a transitar en el centenario de la Gran Guerra, mientras cae más nieve sobre colas de perplejidad que se limpian las legañas de un sueño de pan con pan, y entonces me pregunto: a quién se le ocurrió embarcarnos en esta expedición que rememora la epopeya de un demente.

‘Akademik Shokaslkiy’, en EL MUNDO

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