EN LA ÚLTIMA década Baleares ha sido prolífica en consellers de Turismo con cuentas pendientes con la Justicia. El resto ya están en la cárcel. En este circo de un millón de pistas que es Fitur, las islas se emperran cada año en llevarse puestos los payasos, y la organización en disimular nuestra caravana hacia los váteres.

El muy y honorable Matas nos trajo a Joan Flaquer, imputado por el caso Palma Arena, y luego Antich grabó en el frontispicio de nuestro stand los números de serie de Miquel Nadal, en prisión por los casos Voltor, Maquillaje y Can Domenge; Francesc Buils, en prisión por el caso Voltor; Miquel Ferrer, cesado cuando Antich empezó a pensar si sus socios de UM no serían una banda de delincuentes, y Joana Barceló, que fue imputada por escarbar en los orificios de la cantera de Son Sintes. José Ramón Bauzá acaba de deshacerse de Delgado y su sombrero de testículos de ciervo, ante su posible imputación en el caso Calviá, y ahora nos trae a otro al que promete no abortar sin la firma de al menos dos psiquiatras.

La llaga, en EL MUNDO

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