COMO LA INFANTA Cristina se ha quedado a 30 goles por temporada de bajar a hombros la cuesta de vía Alemania, los alabarderos han recomendado que lo haga en coche. Desconozco las habilidades balompédicas de la Infanta, salvo que sabe recibir bien de espaldas, como bien han podido acreditar los peritos de la Agencia Tributaria, por mucho que doña Cristina insista en señalar a su marido en ruedas de reconocimiento, porque lo de otra conspiración del Marca ya no cuela.

Imagino una preparación del interrogatorio en Roca Junyent al estilo de Luis Aragonés, con el abogado clavando la frente en los mofletes de doña Cristina, en una versión del «dígale al juez Castro que usted es mejor que él». Más o menos la misma estrategia que ha seguido la defensa (Fiscalía incluida) en los días previos a la declaración, y también doña Cristina en la larguísima previa que ha sido toda su vida para ser mejor que él, y que todos, sin haber vestido de corto, para acabar en estas Meninas en las que ella es otra infanta en el centro del cuadro, su padre un cuadro más que preside la sala, y Urdangarin la imagen ante un espejo en el que misteriosamente no se refleja.

El 7 de España, en EL MUNDO

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