EL buque Dong Fang Ocean, dedicado al transporte de mineral de hierro, fue embarrancado y desguazado hace año y medio en la costa de Alang, al oeste de la India, tras sobrevivir durante décadas como un genocida nazi, al abrigo de identidades falsas, y en un océano analfabeto de la esvástica que llevó tatuada de su casco: Exxon Valdez.

Eduardo Suárez publica mañana en este diario un viaje a Alaska tras la búsqueda de un espectro, un cuarto de siglo después de que el petróleo nos mostrara cómo dar sepultura al planeta al son de una coral macabra, asfixiando a las aves bajo su abrigo de sombras, y taladrando el hígado de 22 orcas, 300 focas, 2.800 nutrias y millones de arenques y salmones a los que dio a probar su brebaje.

Soria U.S.A., en EL MUNDO

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