NO conocí a Suárez, ni tuve edad para entender lo que decía por la tele, por lo que visto lo visto estos días, estoy totalmente incapacitado para reconocer el sabor de lo que debería ser un auténtico político, como si un político fuera una fabada. Me quedé por edad en ese limbo en el que el personaje se ha ido, pero no tan lejos como para que lo políticamente correcto en mi educación con libros de Polanco, fuera dedicarle apenas una línea con fecha de entrada y salida de la presidencia, un presidente que ficha, algo así como la columna de quienes ganaron la Liga entre el 76 y el 81 de mis álbumes de cromos, por cierto, también editados por Polanco.

Una niñas decían el otro día en la cola del funeral que sabían de Suárez por Cuéntame, y me pregunté si los Alcántara o Josete, habían asumido la responsabilidad de explicarle a España (eso que queda debajo de las toallas de los guiris) las claves de la cremación en vida de un personaje cuyo cadáver se nos sirve excepcional.

Pasos perdidos, en EL MUNDO

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