LA disolución del Parlamento Europeo y la posterior convocatoria del pueblo a las urnas ha provocado por primera vez en la historia la insólita disolución del pueblo. Cuando parecía casi imposible romper los lazos del bipartidismo con la inercia, el censo se ha dispersado hasta tal punto que ahora no va a haber manera de convocarlo a su puntual cita con los míos o contra los otros.

El rearme tiene mal pronóstico y el presidente balear, José Ramón Bauzá, a un año para las municipales y autonómicas, empieza a temerse que el equipo no le aguantará la prórroga. Su gestión le estaba sirviendo para hacerse un hueco en Madrid, mientras cavaba una zanja en Palma, y resulta que cualquier día llamará al timbre de Génova 13 y allí no quedarán ni los discos duros.

Era solo una amiga, en EL MUNDO

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