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MENOS MAL que los medios de
comunicación son los responsables de
la alarma social y la mala imagen de las
islas, porque por un momento hemos
llegado a pensar que en bares de
Magaluf se hacían concursos de
felaciones a cambio de copas; y que en
Ibiza los clubbers andaban por ahí
mordiendo a los médicos por efecto de
un narcótico caníbal.
Por suerte para las islas, el Govern
balear y la Delegación del Gobierno han
anunciado que va a «analizar la
situación», que debe ser algo así como
ponerse todos detrás de una mesa a ver
vídeos guarros por videoconferencia.
También disponemos de una Sanidad
cuya estrategia para tranquilizarnos ante
el apocalipsis de bocados es reconocer
que lo de los mordiscos no era ningún
brote por una droga caníbal, sino algo
que pasaba todos los días.
Responsabiliza la portavoz del Govern
balear Núria Riera a la educación de los
mercados emisores, que vienen «con
determinadas conductas o pautas
educativas» contra las que hay que
luchar, y que suponemos ha sido incapaz
de detectar el informe PISA, que sigue
ubicando a los británicos, patrocinadores, víctimas y verdugos de
esta alegoría de la desdicha, por encima
del churumbel balear en distintas
demarcaciones del conocimiento.
Para el Govern balear el cafre nace y
no se hace por efecto de la licencia de
actividad, por lo que aventuro a partir de
ahora menos playas y más manierismo
en las campañas de promoción; de la que
brotará una inminente liquidación de
bares por librerías de antiguo y de
ocasión; party boats reconvertidas en
seminarios para debatir Un arte
espectral de Norman Mailer, y una
mesurada transición de las pizarras del
happy hour a la convocatoria de mesas
redondas para escuchar a Erwind
Bechtold hablar de Miró en la casa
Broner.
En Ibiza, por ejemplo, el Consell ya ha
dicho que se va a gastar una pasta en
una campaña que rebata la del
consulado británico y sus turoperadores,
que insisten en que pasear solo por San
Antonio podía costarle la vida al turista.
Lo recordaba el miércoles cuando
observaba a un inglés comerse un
bolardo en una calle contigua al West
End. Tras el golpe el chaval dio un
extraño giro en el aire y se desplomó de
forma insólita panza arriba. Se levantó a
los pocos segundos, dio un par de pasos,
y empezó a vomitar dentro de una
papelera. #Eivissadiuno

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