CADA vez que los genitales no se encuentran en su sitio, el municipio de Calviá se busca un problema. Le ocurrió al ex alcalde, Carlos Delgado, cuando fue inmortalizado con testículos en la cabeza durante una cacería, y repitió la semana pasada una turista irlandesa, desbordada en Youtube con una veintena en la boca.

Erróneamente, sus padres apelaron al cristianismo para excusar las genuflexiones de su hija; mientras el Gobierno balear se echaba poco menos que a los versos de Sabina -se escapó de una cárcel de amor, de un delirio de alcohol, de mil noches en vela- para tratar de diluir un caso aislado.

Mercado de orificios, en EL MUNDO

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