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ES POSIBLE que el presidente del
Gobierno, Mariano Rajoy, solo haya
necesitado el informe de un psiquiatra
para abortar el indulto de nueve meses de
prisión a Jaume Matas con cero días de
gestación. Habría supuesto un verdadero
problema, por no hablar del gasto
superfluo, romper el equipazo que se
presentaba a esta final del perdón, con
Garzón, Carromero, Julián Muñoz y
Ortega Cano en punta, especialmente si la
maniobra te permite simular que no eres
casta por un día. De haber tenido que
romper el mejunje, mejor habría sido que
el ministro de Justicia hubiera dado la
rueda de prensa en traje de faralaes, para
ahorrarnos la credibilidad.
Cada día esta más claro que la renovación
de las instituciones anunciada por la nuestra
izquierda más revolucionaria podría
superarse socialmente con la desaparición
de las mismas, pero ahora también sabemos
que con su inacción a la hora de asumir sus
privilegiadas competencias, como la del
estomagante indulto.
Los caminos de la honradez en el ejercicio
de gobierno son inescrutables. Bien sabe la
clase política que el que se mueve no sale en la foto, pero si encima se mueve hasta el
juzgado lo que le pasa es que acabará
saliendo solo, ya sea el contable de Génova
o el presidente de una Comunidad señalado
como modelo por un Rajoy que al final se
ha hecho un Poncio Pilato, al que solo le ha
faltado el versículo: «No soy responsable de
la sangre de este hombre», que
posiblemente se guarde para algún mitin.
Un acto de contrición y no haber tenido
otros procesos pendientes le habría
supuesto al ex presidente balear una
sustitución de la pena de prisión por una
multa, confirmando que los razonamientos
del Tribunal Supremo no distan de los de la
FIFA con el mordisco de Luis Suárez a
Chiellini. El uruguayo alegó que en Italia
habrían profundizado en el mordisco, su
tercero, con Photoshop, al igual que la
defensa de Matas suplicaba una multa
porque la Sala no podía aducir
«peligrosidad criminal» de su cliente.
Suponemos que las intenciones del
Supremo pasaban por evitar que el ex
vicepresidente siguiera celebrando sus
victorias parciales en los tribunales con
ruedas de prensa, para bochorno de una
ciudadanía que ya se andaba con la mosca
tras la oreja cada vez que evitaba la cárcel
en el descuento, o con los descuentos a cada
una de las penas. De confirmarse su retahíla
pendiente, como cantan ahora en Brasil los
argentinos, muchos dirán: «Te juro, que
aunque pasen los años, nunca nos vamos a
olvidar». #Eivissadiuno

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