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Cuando Jaume Matas ganó por mayoría absoluta las elecciones del 2003, un malabarismo del lapicero sobre el tablero de libranzas me convirtió los primeros días de su gobierno en el irresponsable director de la redacción de EL MUNDO en la isla de Ibiza. Reuní a todo el equipo: una becaria y yo mismo, y ambos nos pusimos a una tarea que transcurrió con relativa sencillez, hasta que al presidente se le ocurrió la feliz idea de montar la primera reunión de su nuevo equipo en la isla de Formentera, lastimosamente también bajo mi jurisdicción informativa.

Por suerte, la colaboradora con la que contábamos en la isla vecina había enviado puntualmente la crónica y las fotos, el periódico del día pudo estar prácticamente acabado antes de las nueve, y decidí mandar a casa a mi única compañera. Recogí la mesa, apagué la mitad de las luces de la redacción y me quedé a esperar la portada de Madrid, hasta que todo se vio interrumpido por unos golpes muy violentos en el cristal de la entrada.

En aquella época la redacción se encontraba al final de una galería que atravesaba los bajos de un edificio, situado frente a los ferrys que realizan el trayecto entre las islas de Ibiza y Formentera, tan cerca del agua que las pantallas de los ordenadores vibraban cuando los barcos maniobraban al ralentí cerca de los muelles.

Era habitual que los vecinos que se habían dejado las llaves trataran de llamar la atención de los redactores del periódico golpeando los cristales, así es que como casi siempre, traté de ignorar los golpes esperando a que otro abriera, hasta que el ruido se hizo insoportable.

Desde la redacción, al final del pasillo, descubrí que el que golpeaba la puerta era el recién nombrado consejero de Industria, y ahora presidiario por el espolio de ocho millones de euros, José Juan Cardona. A su lado estaba Jaume Matas, y detrás de él Joan Flaquer, que acabaría imputado por el caso Palma Arena; Lluís Ramis de Ayreflor, que años más tarde saldría en libertad bajo fianza tras la operación Bonsai; Aina Castillo, futura imputada por el caso ‘Over Marketing’, vinculado a la trama Gürtel; Frances Fiol, imputado por adjudicar el Palacio de la Opera de Palma a Santiago Calatrava; Jaume Font, que ya venía condenado por un fraude electoral cometido en 1989; José María Rodríguez, también futuro imputado por financiación ilegal del PP; y el resto del equipo de gobierno con un buen puñado de asesores, jefes de prensa y cargos de confianza.

La vejiga de Baleares en EL MUNDO

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