Eduardo Galeano cuenta que de niño soñaba con ser futbolista como todos los uruguayos. Que su juego alcanzaba la excelencia por las noches, en sueños alucinantes, pero que por el día se mostraba incapaz de coordinarse con la pelota.
En mis sueños yo era Hristo Stoichkov, y corría la banda con los codos a la altura de las orejas; y antes Gary Lineker, y me cagaba en el primer partido de la Copa del Mundo. Con la edad hay sueños que se debilitan, aunque uno siempre puede asomarse a una reja y comprobar que sobreviven en las filigranas de un patio de colegio.

El sueño del ‘nueve’ en PAPEL

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