A las 31 horas y 18 minutos de vida, y con el tamaño de dos latas de Coca-Cola, mi hijo escuchó que Griezmann se colaba entre Javi Martínez y Boateng para batir a Neuer. Y luego a su padre gritar gol, con una fuerza que a su madre casi se le sueltan los puntos. Para entonces yo ya era padre y le conté su primer cuento, uno que dice que hay que avanzar partido a partido, y que habla un poco de fútbol.
Le dieron por muerto tantas veces que su nacimiento solo podía ser a la contra. Una escena no filmada de ‘Amanece que no es poco’, en el que una ginecóloga keniata se planta en un paritorio, y con un codo vacía a su madre como a un tubo de pasta de dientes, en una maniobra con nombre de central del Zenit.

Qué manera de nacer, en EL MUNDO

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