Bud Spencer y Terence Hill éramos mi hermano y yo. Supongo que había más hermanos que eran Bud Spencer y Terence Hill. Como supongo que con la muerte de uno de ellos algunos hemos dado por concluido el siglo XX, y nos hemos visto en el espejo un poco más viejos, como el día que descubrimos en el Marca que nos ponía la hija de Romario.
Jugar a Bud Spencer y Terence Hill era arriesgado, especialmente si tu compañero de juegos tiene once años más que tú, mide un metro ochenta y tres, pesa noventa kilos y te dicen que es retrasado. Principalmente porque a los ocho años tú no sabes muy bien lo que es un retrasado, y porque estás demasiado ocupado en caer con tu ropa interior de vaquero en el abrevadero porque has recibido uno de los famosos puñetazos de Bud, de arriba abajo como si quisiera clavarte en el suelo, o un buen sopapo a mano abierta, de esos que te arrancaban media sonrisa.

El hermano de Bud en EL MUNDO

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