Convivo con la realidad de una isla que poco o nada tiene que ver con la realidad. Un día sales a la pastelería y el dependiente te cuenta que no hay bombones sin alcohol porque unos tipos de Oriente Medio se los han llevado para cubrir el cuerpo de una mujer. Otro día un amigo te cuenta que había alquilado su casa para celebrar una fiesta, y que al llegar el lunes la señora de la limpieza se encontró dos caballos chapoteando en la piscina. Otro te das cuenta de que el solar de al lado de tu casa ha desaparecido bajo 80 Mercedes negros al servicio de los amigos del príncipe Abdul Aziz bin Fahd Al Saud, al que te cruzas cada mañana con su Rolls-Royce blanco entrando en un yate de 147 metros, que tras zarpar persigue otro lleno de amigas.
Cuesta creer que ese mundo al que no pertenezco, el de las botellas de champagne a 120.000 euros y los 80.000 euros de propina, siga siendo un mundo real, del que conozco apenas su reflejo, como esas estrellas que brillan en el cielo sólo porque explotaron hace millones de años.

People from Ibiza, en PAPEL-EL MUNDO

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