Facebook, siempre pendiente de mis necesidades, se ha empeñado en recordarme que me hago viejo. A la red social le ha dado por rescatar fotos de hace seis, siete e incluso ocho años por si me interesa viralizar un pasado más feliz o el deterioro de mi propio cuerpo.

No diré que Mark Zuckerberg es un tipo que no sabe lo que hace, pero la experiencia me está resultando de lo más sádica. En los últimos días el ordenador me ha escupido a la cara ex novias, ex trabajos y hasta a José María Aznar. Está claro que las razones que me llevaron a compartir una imagen no están coincidiendo con las que me invitan a recordarla. Y eso que debe haber en Menlo Park (California) un ingeniero adolescente con una camiseta de ‘Underwood 2016′ al que le han dado una prima por la ocurrencia de obligarnos a presenciar nuestro pasado. Desconozco si el derecho al olvido incluye olvidarnos de borrar nuestras propias fotos. Pero confío en que antes de morir, cuando toda mi vida pase ante mis ojos, otro diseñe el algoritmo que elige las imágenes.

El algoritmo en EL MUNDO

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