Durante un tiempo, mi amigo Mariano, se dedicó a colgar a gente boca abajo de una ventana del tercer piso del edificio del antiguo seminario de Ibiza. Ocurría en los descansos de las clases, casi siempre con los mismos protagonistas, tanto los que colgaban boca abajo como los que se dedicaban a sostenerlos por las piernas. Cualquiera hablaría hoy de bullying. También de intento de homicidio.

Una vez, en un chiringuito en la playa, me habló con un poco de vergüenza deuna de sus víctimas favoritas. No solo lo colgaba de la ventana. También le hacía otras cosas. Si por la mañana se lo encontraba entrando en el colegio le decía que no podía usar esa puerta, sino otra mucho más alejada, en la otra punta del seminario. Si se negaba le pegaba. También me contó que ese chico era ahora el dueño del chiringuito en el que estábamos. Y su cuñado.

Por qué nunca se supera el bullying en GQ

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