Por culpa del Financial Times me he dado cuenta del daño que nos está haciendo el inglés. Existen estudios, aunque también puede que no, que aseguran que nos estamos sirviendo de un idioma extranjero para blanquear actividades poco honrosas, como community manager. Todavía no sé a qué responde esa sensación de que las trayectorias de Steve Jobs, George Bush o Bill Gates habrían sido muy distintas si se hubieran llamado Esteban Trabajos, Jorge Arbusto o Guillermo Puertas. Pero parece que si te llamas Guillermo Puertas no tienes una fortuna de 90.000 millones de dólares ni te inventas Microsoft, sino que trabajas en una mutualidad, o manejas un martillo neumático, o tienes un segundo apellido con cuya combinación se te permite arbitrar en Primera.

Si te llamas James Kills es menos probable que acabes robando millones de euros de dinero público como presidente de una comunidad, que si te llamas Jaume Matas. En esas debía andar el redactor del Financial Times, Tobias Buck, cuando en un artículo sobre la Gürtel, dedicó un párrafo a traducir motes de procesados, como El Bigotes (The Moustache) y El Albondiguilla (The Little Meatball).

The Little Meatball en EL MUNDO

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