La primera vez que salí a cenar con políticos la cosa salió bastante bien. A los postres un director general que militaba en una escisión del PP me puso una pastilla enorme al lado de la copa de vino. Más que una pastilla parecía una boina. Creí que al cogerla quedaría la silueta en el mantel como en un aterrizaje alienígena en el maíz. “Erecciones de mármol”, dijo. Y me la guardé en un bolsillo interior como una comisión.

Fueron tiempos felices. Matas gobernaba en Baleares y yo les seguía por el mundo promocionando las islas, como luego les seguí por los tribunales promocionando la malversación de fondos públicos, la prevaricación y el fraude a la administración. Buena gente. Recordé la pastilla esta semana. A raíz de una investigación de Anticorrupción al actual Gobierno de izquierdas de Baleares, éstos replicaron al PP con el caso Rasputín. Uno en el que trataron de colarle al presupuesto de la Comunidad la factura de un prostíbulo en Moscú. Un prostíbulo muy malo, por cierto, según los peritos.

Erecciones de mármol, en El Mundo

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