Algunos llegamos a la edad adulta un poco como en ‘El señor de las moscas’, la novela de William Golding que arranca con unos niños ingleses que sufren un accidente aéreo y acaban en una isla desierta. El libro es una alegoría de la naturaleza humana. Se habla de la pérdida de la inocencia, de la lucha entre la civilización y la barbarie. Los niños matan a niños porque la bestia puede despertar en cualquier momento. También en un piso de estudiantes de periodismo en Pamplona justo después de que Mijatovic marque el gol de la séptima.

Xabi, quien decía ser de la Real Sociedad y que hasta el minuto 66 confundí con mi aliado, e incluso con mi amigo, subió el volumen de la radio. Recuerdo que le miré como si se estuviera meando en la tumba de Satrústegui, si Satrústegui estuviera muerto. Alegó razones periodísticas obtusas. Como que quería escuchar cómo se cantaba gol en una final de Champions. Manolo Lama gritaba y él agarraba la radio como si le contara las pulsaciones.

La Séptima y apéndice, en EL MUNDO

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