Tengo que deshacerme de algunos libros. No me gustaría, pero la casa es la que es y la estantería también, y para que algunos entren otros tienen que salir. No creo que sea el primero al que le pasa. El detonante ha sido la venta de la casa de mis padres. Allí es donde guardaba la que hasta ahora había considerado mi biblioteca, que ha quedado reducida a dos cajas que ahora esperan en un pasillo a que me canse de tropezar e inicie la purga.

Las cajas no contienen uno de mis mayores tesoros, un ejemplar de ‘Vento Ferido’ dedicado por Carlos Casares, que ya no podré recuperar porque está muerto. Es un libro que en Galicia se lee en el colegio. Que tus sobrinos tienen que leer en el colegio, y que cuando quieres recuperarlo te encuentras con sobrinos divorciados, con sobrinos universitarios, e incluso con sobrinos con problemas con la justicia.

Los libros precipitados en EL MUNDO

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