A los ibicencos nos encanta ir a Londres de vez en cuando para dejar de ver ingleses. Hace años que uno puede pasearse por Londres, o por casi cualquier ciudad europea ignorando durante un buen rato si está paseando por Estambul o por Barcelona. Por eso no entiendo, cómo antes de llegar, me viene el recuerdo romántico de una ciudad que nunca conocí, pero que algún día existió, aunque solo fuera en mi imaginación, probablemente por el mismo mecanismo por el que dos personas se aman eternamente.
Pronto me doy cuenta de que no hay permanentes thatcherianas, ni americanas con jerséis de cuello de cisne, ni tipos con pinta de venir de apostar contra Willy Fog. Ni siquiera un sketch de Benny Hill, o Dick Van Dyke dibujando tiovivos con tizas de colores en los senderos de Hyde Park, ni el suelo empapelado con portadas del Star sobre el último asesinato en Whitechapel.

London Calling en EL MUNDO

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