Apenas unos centímetros han cambiado para siempre la vida de muchos hombres; desde los 55 de Bob Beamon a los 24 de Roco Siffredi, que también habrían sobrado a Cardeñosa para evitar pasar a la historia. La mía va a cambiar por 60. Los que necesito para mover una puerta y recuperar mi despacho de soltero. Cuando te enamoras de una mujer como la mía lo normal es que primero pierdas la cabeza, luego el lado bueno del cheslong, y un buen día tu jornada laboral acabe arrinconada por un armario del tamaño de una plaza de garaje.
En el Hotel Overlook de ‘El resplandor’ el negro decía en la despensa que podías pasarte seis meses sin repetir un solo plato. Lur podría pasarse el mismo tiempo sin repetir un solo zapato. No es que dudara de mi talento cuando se casó conmigo, simplemente creyó que algún día necesitaríamos que dejara de escribir para ponerme a trabajar.

60 centímetros en EL MUNDO

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