El ‘dire’

Me he enterado de que muchos columnistas escriben con la esperanza de que les lea una mujer que no es la suya. También de que Manuel Jabois ha tenido sexo con hombres y transexuales, incluso que se echa productos de farmacia para fortalecer su cabello, con lo que no me debería dar vergüenza reconocer que llevo años escribiendo para otro hombre.
He tenido la suerte de sentir devoción por mi propio jefe. Algo difícil de entender sobre un tipo que me despidió, que me insultaba en casi todas nuestras llamadas telefónicas, capaz de echarme una bronca en la playa o de boicotear mis libranzas.

El ‘dire’ en EL MUNDO 

Insomnio

Cuando dejó de dormir, el director de cine Sean Ellis veía a su ex novia hacer la compra en ropa interior en el supermercado en el que trabajaba como reponedor. Cuando dejé de dormir, yo no llegué a verla, quizá por mi solitaria elección de pasar el insomnio en una playa a oscuras, con un tractor que recogía las algas y allanaba la arena.

Fueron muchos meses en los que uno sueña despierto con un mensaje en el que te dice que echa de menos tus labios, y que quiere que todo vuelva a ser como antes. Montaba y desmontaba mi Nokia como un marine su M16. Y lo encendía para ver mi bandeja de entrada vacía.

Insomnio en EL MUNDO

Escocia me lo confirmó

Ser independentista es agotador. Las instituciones del estado opresor no se aclaran, que es una de las peores cosas que le pueden pasar a los estados opresores, y cuando ya teníamos listas las banderas escocesas en las estaciones de servicio, como los casetes de Camela, la justicia ha decidido que nos pongamos a hablar de fútbol.

Es más o menos lo mismo que dijo Soraya Sáenz de Santamaría por la mañana para defender lo contrario. «Fútbol es fútbol», apuntó, en su más claro intento de aspirar a la sucesión de Rajoy. Tratar de aplacar el conflicto independentista prohibiendo las esteladas es como tratar de frenar la corrupción eliminando los billetes de quinientos. Todo recordaba a aquella lapidación de ‘La vida de Brian’ en que recibía una pedrada cualquiera que dijera «Jehová».

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Mucho sueño

Una de las mayores preocupaciones antes de tener un bebé es matarlo, con la misma inocencia que los leones marinos aplastan con su peso a las crías contra las rocas. La falta de sueño me llevó estos días a hacer algo parecido con la leche en polvo. Un leve aumento de cucharadas por mililitro de agua nos llevó a Urgencias y casi pierdo la custodia del enano. La enfermera y la pediatra me miraron con severidad, y me dijeron que rezara para que el bebé volviera a hacer caca. A las 24 horas recogimos del pañal restos de algo que parecía grava y lo celebré como el gol de Iniesta. Mi mujer todavía no me habla.

Una semana después del nacimiento tu máxima preocupación es permanecer con vida. La privación del sueño, una tortura que sin duda inventó un tipo que acababa de ser padre, te permite desarrollar otras habilidades como escribir esta columna en fase REM, cuando los globos oculares se mueven a gran velocidad bajo los párpados mientras el cerebro permanece activo.

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Qué manera de nacer

A las 31 horas y 18 minutos de vida, y con el tamaño de dos latas de Coca-Cola, mi hijo escuchó que Griezmann se colaba entre Javi Martínez y Boateng para batir a Neuer. Y luego a su padre gritar gol, con una fuerza que a su madre casi se le sueltan los puntos. Para entonces yo ya era padre y le conté su primer cuento, uno que dice que hay que avanzar partido a partido, y que habla un poco de fútbol.
Le dieron por muerto tantas veces que su nacimiento solo podía ser a la contra. Una escena no filmada de ‘Amanece que no es poco’, en el que una ginecóloga keniata se planta en un paritorio, y con un codo vacía a su madre como a un tubo de pasta de dientes, en una maniobra con nombre de central del Zenit.

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Prohibido beber pianistas

En el estado de Iowa hay una ley que obliga a los pianistas mancos a tocar gratis. En el de Ohio no se permite a las mujeres llevar zapatos de charol ante el riesgo de que se les puedan ver las bragas. En Seattle y Kentucky es ilegal llevar armas ocultas que midan más de dos metros. Y en Atlanta no dejan atar una jirafa a una farola. Ibiza acaba de colarse por la puerta grande en la antología del disparate legislativo al no permitirse beber agua en la calle.

En el Ayuntamiento de San Antonio, al igual que se supone en Ohio o en Kentucky, dicen que no aplicarán la norma que pretenden aprobar, o que lo harán «con sentidiño», que decimos en Galicia, mientras que la literalidad del gobierno de izquierdas llama a convertir las puertas de bares y hoteles en controles se seguridad similares a los aeropuertos, en los que el enemigo público número uno es el líquido.

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Hay ballenas

Me encontraba en la isla de Tenerife y quería ver ballenas. Ya sé que el comienzo no es muy prometedor pero vamos a ver si remontamos. Dormía en casa de la jueza de Podemos Vicky Rosell, ya os dije que remontaba, y me pasaba los días buscando actividades con las que entretener a una novia por el Puerto de la Cruz.Una noche, leyendo anuncios por palabras del periódico, descubrí unos barcos que se alejaban unas millas de la costa para ver ballenas.
Como no tenía ni idea de si era época de ballenas decidí llamarles para hacer la consulta. A finales de los 90 las llamadas de móvil a fijo eran bastante caras, y le pedí a Vicky usar el teléfono de su casa. Pero para mi sorpresa, la jueza y su entonces marido, también juez, se miraron con preocupación, y se produjeron varios segundos incómodos, tras los que Vicky accedió apostillando: «Si es una llamada cortita…».

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Cita a ciegas

Pocas horas antes de viajar a un congreso de columnistas en Valladolid recibo un mensaje de Soto Ivars que me descubre que llevo años publicando textos que proyectan una imagen de mí que poco tiene que ver con la realidad: «Deseando que llegues. No encuentro cocaína en Valladolid». En ese momento me preparé para lo mismo que le soltó una chica a Jabois: «Mira que hay gente que cuando la conoces personalmente te decepciona, pero contigo ya es la hostia». Aunque pronto descubrí todos estábamos dispuestos a enterrar para siempre elmalditismo.

Del periodismo trasnochador, de prosa con copa y ceniceros, hemos pasado a redactores centrados en bajar la media maratón de una hora cuarenta y cinco. Lo más difícil fue explicarle a alumnos de primero de periodismo que fotografiar tiburones en el mar, haber sobrevivido a un accidente de tren o haber cobrado por error un dinero de la banda terrorista ETA son cosas que me habían sucedido en el transcurso de una vida apacible y más o menos anodina. De hecho uno de ellos soltó la frase más canalla de las jornadas cuando confesó que tanto él como cuatro colegas se habían matriculado en periodismo solo por lo buena que estaba Lorena G. Maldonado.

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‘Mind the gap’

‘Mind the gap’ tiene una nueva viuda, Elinor Hamilton. Ella misma se encargó de anunciar por las redes sociales que su marido, Phil Sayer, quien ponía voz al metro de Londres, había fallecido de cáncer a los 62 años. Desde esta semana, irónicamente, un muerto avisa a los londinenses del riesgo de poner un pie en el agujero entre el vagón y el andén.

Los teléfonos y las redes sociales se nos están llenando de cadáveres virtuales. Perfiles, fotografías, correos electrónicos y número de teléfono vinculados a personas que ya no están, y que se nos aparecen o tratamos de evitar aunque sin atrevernos a borrar para siempre su contacto, como si se tratara de una última prueba de vida.

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