Piqué y Arbeloa

Peter ‘Yogi’ Berra, tras participar en el desembarco de Normandía y jugar en los Yankees de Nueva York, lo dijo todo. Suya es la frase «el futuro no es lo que era» o «hay que ir a los funerales de los demás; si no, no vendrán al tuyo». Antes de los años 60 ya había batido todos los récords de ingeniería verbal.

Poner un huevo

Creía que iba a ser como lo de esos futbolistas que visitan el Bernabéu y, antes del partido, salen a pasear en traje por el césped a hacerse selfies; o la recreación de una nave espacial en una exposición futurista, en la que es posible simular un viaje por la galaxia. Pero no tuvo nada que ver. Visitar un paritorio con once embarazadas es como acompañar a un grupo de judíos a familiarizarse con una cámara de gas; o a un condenado al corredor a perder el miedo escénico a los tubos por los que discurrirá el veneno de la inyección letal.

Observo con admiración la fe y el interés científico de las primerizas que caminan a mi lado con paso perezoso, como astronautas por la superficie de una luna. Hacen preguntas, se paran por turnos en todos los cuartos de baño del hospital, abren el bolso y se comen una baguette rellena de salchichón con queso, o una napolitana de crema.

Poner un huevo en EL MUNDO

El sueño del ‘nueve’

Eduardo Galeano cuenta que de niño soñaba con ser futbolista como todos los uruguayos. Que su juego alcanzaba la excelencia por las noches, en sueños alucinantes, pero que por el día se mostraba incapaz de coordinarse con la pelota.
En mis sueños yo era Hristo Stoichkov, y corría la banda con los codos a la altura de las orejas; y antes Gary Lineker, y me cagaba en el primer partido de la Copa del Mundo. Con la edad hay sueños que se debilitan, aunque uno siempre puede asomarse a una reja y comprobar que sobreviven en las filigranas de un patio de colegio.

El sueño del ‘nueve’ en PAPEL

No se integran

A mí los que no se me integran son los ingleses. Lo digo por esa corriente que explica los atentados desde la perspectiva de que la comunidad musulmana no quiere ser europea cuando se rodea de cabezas de cordero, burkas, curry y muñecas con hijab.
Aquí en Ibiza tenemos otro gueto. Uno en el que impera un desayuno con judías estofadas, banderas de clanes, camisetas de hurling, calles en las que solo se habla y rotula en inglés, y pubs donde tiran Guinness y se repite en bucle un Middlesbrough-Blackburn Rovers.

No se integran, en EL MUNDO

En otro planeta

Los informativos nos recuerdan a diario que pasamos la mayor parte de nuestra existencia esquivando una fatalidad, y además no somos conscientes. Por eso casi siempre nos quedamos aturdidos en el sofá, como si hubiéramos sufrido una explosión y todavía nos pitaran los oídos.

En otro planeta en EL MUNDO

El aura

Una de las mayores incomodidades de vivir en la isla de Ibiza son los hippys. No los hippys de ahora, que más o menos los ves venir, sino los de antes. Unos que llegaron a la isla por una razón que ya no recuerdan, y que ahora hacen de abogados, o de dentistas, o tienen una librería, como mi amigo Carlos Manzano, que aterrizó desde la ONU y se encerró en un cobertizo sin agua y sin luz para traducir a Henry Miller. O mi amiga Susan, que llegó desde Cornwall prometiéndose que nunca daría clases de inglés, y se fue a vivir a una playa a hacer velas aromáticas que vendía en mercadillos. Este año se jubila como profesora de inglés.
Con el tiempo aprendes a olerlos porque no pueden ocultar las huellas de una noche psicodélica infinita que a veces les deja en pausa; o un tatuaje holístico en el antebrazo. Se interesan por tu hora de nacimiento, y dan consejos gratuitos de dudoso contraste científico. No puedes huir de ellos porque emergen de un funcionario al otro lado del mostrador; o de un farmacéutico; o de la matrona que le toca a tu mujer, que nada más verla supe que nos iba a mandar darle el pecho hasta segundo de teleco.

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Un diputado en la cola del paro

Tengo un amigo que lleva un año sin encontrar curro, un verdadero problema pasada la barrera de los cincuenta, con hasta estudios de secundaria, y nula experiencia en el sector privado. De él podría decirse aquello que Jabo Irureta dijo de Diego Tristán, desatando una guerra civil con Andalucía: «Procede de una cultura poco acostumbrada al sacrificio», por lo que ha acabado mendigándole un sueldo al Congreso de los Diputados.

Tras haber sido alcalde, senador y diputado en las tres últimas legislaturas no es nada fácil dejar de estar pendiente del bienestar de los ciudadanos. Me hablaba precisamente de esta desconexión hace un par de semanas, cuando me lo encontré casualmente subiéndose a su coche: «Me la suda todo». Y me imaginé al pobre mudándose a su casa de Natal, al noroeste de Brasil.

Un diputado en la cola del paro en EL MUNDO

La goma y el pestañeo

Con las negociaciones estancadas en un verso de ‘Los Suaves’: «El día no sirvió de nada, tarde de nubes sin agua»; en Podemos, de la misma melodía: «Golpean la puerta de casa mensajeros de desgracias». Todo comenzó con la filtración de un informe confidencial que alertaba en 58 folios de que las diferencias con Ciudadanos eran insalvables: «Rivera va siempre excelentemente peinado y afeitado».

La goma y el pestañeo en EL MUNDO

Un cadáver en el estadio

Mi padre falleció un 6 de marzo de hace 14 años en un asiento 7 de una fila 5 de un campo de fútbol. Un hecho insólito considerando que va camino de los 80 en perfecto estado de salud. Al igual que los hijos crecen en la intimidad de noches de fiebre, los padres se consumen a simple vista, mientras mascan un palillo delante de la tele, mondan una naranja o, como es el caso, se plantan en una final de Copa con el Deportivo.

El hombre emprendió su viaje hacia el más allá en un autobús desde Galicia, portando una muda y un paquete de galletas enriquecidas en fibra. Su pasaporte era un Bernabéu gigante que le brotaba del periódico, y que se le arrugó al abrazar al hijo emigrante, que tardó en reconocer en aquel anciano repentino al tipo que le llevó a hombros hasta la adolescencia, y que le instruyó en el Real Madrid, el mayor impostor de todos los tiempos.

Un cadáver en el estadio, en el suplemento Papel de EL MUNDO